Movimientos sociales y política electoral.

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Publicado en El Telégrafo y Rebelión
Un estudio (2011) del intelectual indígena Luis Maldonado Ruiz y el asesor Víctor Hugo Jijón examina la participación política indígena en el Ecuador (http://bit.ly/2axqRPd). Los autores reconocen que la primera forma de esa participación fue a través de las organizaciones y la presión social. Punto culminante fue el levantamiento nacional de 1990 convocado por la Conaie.

La segunda ha sido la participación electoral, para lo cual se creó el Movimiento Pachakutik (PK) en 1996. Desde entonces el movimiento indígena se ha presentado en todos los procesos electorales y con distintos alcances, aunque magros resultados nacionales y variado éxito seccional. En 2006, la Conaie decidió no participar con un binomio vicepresidencial junto a Rafael Correa, porque por “las presiones de una corriente indigenista” —dice el estudio— creyó que su candidato Luis Macas podía revivir un triunfo similar al de Evo Morales en Bolivia.

Cabe recordar otros hechos: en 2012, PK expulsó a Auki Tituaña por haber “traicionado” al movimiento indígena al convertirse en binomio vicepresidencial del banquero Guillermo Lasso; sin embargo, en 2016 no ha ocurrido lo mismo con Fanny Campos, excoordinadora de PK, que justifica ser de “izquierda tolerante” para haberse unido a CREO en apoyo al mismo Lasso. También en 2012, PK expulsó a Miguel Lluco y a Mariano Curicama porque se “apegaron al correísmo”. Lluco sostuvo que la división entre la Conaie y PK evidencia los “intereses particulares” de ciertos dirigentes y su “desesperación” por mantenerse en el poder.

En las elecciones de febrero de 2013, la “Unidad Plurinacional de las Izquierdas”, que agrupó a partidos tradicionales de la tendencia y a las dirigencias de varios movimientos sociales incluido el indígena, apenas obtuvo el 3,26% de la votación presidencial y solo 5 de los 137 escaños a la Asamblea Nacional. Es decir, ni siquiera votaron por esa agrupación sus propias bases.

Para las elecciones de 2017, se ha contado con 5 precandidatos del movimiento indígena y PK: Carlos Pérez Guartambel, Salvador Quishpe, Lourdes Tibán, Clever Jiménez (no indígena) y Patricio Zambrano (no indígena). Ninguno con reales posibilidades de triunfo presidencial e incluso con diferentes posiciones electorales. Solo Pérez Guartambel cuestionó la candidatura de Guillermo Lasso; y también reconoció que entre los indígenas hay 3 “colectivos”: uno “correísta”, otro dispuesto a unirse con la derecha con tal de derrotar al “correísmo”, y la tercera, que busca unirse a sectores de izquierda.

El movimiento indígena, que es el más importante del país, demuestra así un fenómeno que igualmente ocurre en todos los movimientos sociales: si entre los dirigentes hay diversidad de opciones político-electorales, lo mismo ocurre en las bases. Y la historia debiera servir para que no se confunda la participación electoral con la lucha clasista, la reivindicación laboral, el posicionamiento étnico-cultural. Es un error pretender mezclarlos, porque esto es lo que ha marcado la crisis política en la que se hallan los movimientos sociales.

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