Desde la Facultad de Comunicación: Renace Habana

Llego a la Facultad de Comunicación (FCOM) con la cabeza llena de líos. Tengo el “no me importa nada más que mis problemas” de guardia pero… Aquí nadie habla de pruebas, de prácticas, de clases o de tesis.

Todos. Alumnos, profesores, vecinos, familiares y amigos llegan hasta aquí para dejar algo: ropa, comida, juguetes, agua, íntimas, sábanas…

Aline no para de hablar de la viejita que esta mañana llegó arrastrando un bulto a las puertas de la facultad. Cuenta que antes de marcharse dejó claro que todo estaba lavado y planchado.

El Pocho, mi amigo que vive del turismo yes adicto a las fiestas, me llama a las 7 de la mañana para decirme que antes de ir a trabajar pasará por FCOM a dejar cosas. Se preocupa cuando le digo que no estoy; necesita estar seguro de que llegarán a los barrios.

Marcos pregunta si el sábado puede llevar comida preparada, panes, café… que no tiene enlatados, pero quiere entregar comida.

Ayer en la tarde unos jóvenes llegaron con cajas de agua y puré de tomate. Dicen que son del “proyecto tal”, pero no les interesa que aparezca su nombre. Eso no es lo importante.

La oficina del Grupo de Comunicación -desde donde surgió la iniciativa- ya está llena de bultos. Con bancos se improvisa un área para depositar las nuevas donaciones.

Anuncian que vienen en camino libros de la biblioteca Nacional y ropa del ICAIC. También habrá aportes desde un policlínico cercano.

Todos preguntan: “¿Pa’ donde vamos el sábado?”. Otro grupo de desesperados irán esta misma tarde a trabajar para Jesús del Monte.

Mucha gente sigue llegando.

Llegué con un montón de pendientes. Siguen ahí. No he logrado desconectarme de todo esto.

Donaciones recibidas en la Facultad de Comunicación para daminficados del tornado. Foto: Armando Franco / Facebook.

Donaciones recibidas en la Facultad de Comunicación para daminficados del tornado. Foto: Armando Franco / Facebook.