Twitter y el intento de reeditar la “Primavera Árabe” en Cuba

Por: M. H. LAGARDE (Tomado de Cubasi)

Como bien denunció ayer en conferencia de prensa el canciller cubano, Bruno Rodríguez, no es primera vez que grandes empresas tecnológicas le prestan sus avanzados y costosos servicios a las administraciones de turno de los Estados Unidos para apoyar sus guerras mediáticas destinadas a subvertir el orden e incitar al odio en aquellas naciones que no son de su agrado.

Emplazo al gobierno de EEUU a que confirme o desmienta que los principales operadores políticos de la compañía que generó la campaña contra #Cuba ha recibido financiamiento del Departamento de Estado y de la USAID. pic.twitter.com/SkBe0RNCfO

— Bruno Rodríguez P (@BrunoRguezP) July 12, 2021

Inolvidable resulta la franca declaración de Hillary Clinton en una entrevista televisada sobre la subordinación de Twitter a las intenciones gubernamentales estadounidenses durante la llamada Ola Verde de 2009 en Irán. En esa ocasión la entonces Secretaria de Estado norteamericana apareció en pantalla vanagloriándose de cómo sus jóvenes subordinados del Departamento de Estado obligaron a que Twitter continuara trabajando a pesar de un mantenimiento que tenía programado.

Y tal como sucedió el pasado domingo en Cuba, la mayor parte de los activistas que supuestamente denunciaban el fraude de las elecciones iraníes, las manifestaciones y la represión en ese país del Medio Oriente, no estaban en Irán, como se quería hacer creer, sino en territorio norteamericano.

Desde el punto de vista tecnológico el modo operandis de dichas compañías sigue siendo el mismo utilizado, además de en Irán, en la llamada Primavera Árabe. Para desatar la campaña de mentiras se usan programas informáticos conocidos como bot (aféresis de robot) que efectúan automáticamente tareas reiterativas mediante Internet a través de una cadena de comandos o funciones autónomas previas para asignar un rol establecido.

Miles de cuentas con identidades falsas repiten una y otra vez, cual indetenible cascada de mensajes, los embustes programados que terminarán creando un reflejo condicionado en ingenuos receptores.

En el caso de Cuba mediante el uso de los hastag #SOSCuba y #SOSMatanzas que, como demostró el canciller en conferencia de prensa fueron contratados por una empresa de la Florida, además de solicitar una “intervención humanitaria” se trató de sembrar la matriz de opinión de la existencia de un caos sanitario y político en la Isla que habría conllevado al fin de la Revolución.

Las cuentas falsas, desde servidores en Estados Unidos, replicaron el guión que desde hace años repite la maquinaria del terrorismo mediático que conforman las páginas de internet e influencers de Miami, llamaron al desorden público mediante el uso de la violencia y hasta asesinar a dirigentes.

Los disturbios en La Habana provocaron la muerte de una persona de la cual Twitter es también responsable.

Pero como señala el experto en el tema Jaron Lanier en su libro “Diez razones para borrar tus redes sociales de inmediato”: “Todas las empresas tecnológicas luchan contra las cuentas falsas, pero también se benefician de ellas. Aunque quienes trabajan en Twitter podrían preferir, por motivos emocionales o éticos, que su plataforma estuviese exenta de bots, estos también amplifican la actividad e intensidad del servicio. Resulta que las actividades falsas y masivas en las redes sociales influyen en las personas reales. Crean indirectamente una verdadera realidad social, lo que significa que permiten ganar dinero”.

Según el mismo autor existe una industria que vende humanos de imitación en la que a principios de 2018 el precio de las personas falsas en Twitter era de 225 dólares por los primeros 25 000 seguidores falsos.

Quizás algún día se sepa cuánto dinero ha ganado Twitter a costa de sembrar el caos y la muerte en Irán y en países como como Túnez, Egipto, Jordania, Yemen y Libia, todos, víctimas de la llamada Primavera Árabe que el pasado domingo intentaron reproducir en Cuba.